ISLA DEL SOL
- 25 jul 2021
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Intentar proyectar un viaje realizado no es fácil, en el intento la memoria devuelve un conjunto de imágenes poco relacionadas, quebradas y despedazadas que no ayudan ya a realizar una descripción, el mejor intento se da cuando se intenta describir cada uno de esos elementos por separado, pero al hacerlo pierde precisión al no poder contextualizarlo como parte de un todo.

Esa isla llena de árboles llamada ISLA DEL SOL nos invita a intentar plasmar esa sensación en palabras, la memoria desdibuja, pero no desdibuja del todo.
La amabilidad de la gente es inmensa los dueños de los hostales, siempre oriundos del lugar nos hablan de visitas de políticos y de pugnas internas que se llevan a cabo en la isla, uno tiene la impresión que la tierra donde viven es quien manda, y manda para decir que será la tierra quien dé el sustento, hospedar para ellos no es solo un negocio es también una forma de seguir arraigados al lugar donde crecieron y al lugar donde sus padres crecieron,

Hospedar es para ellos su medio de vida y es también un servicio, existe un sentimiento de servicio, parece ser que han dado a la pandemia una importancia relativa, manifiestan su preocupación por la situación actual pero siempre con un rasgo de resignación, es una importancia relativa, han invertido en hostales acogedores cargados de un cuidadoso arreglo listo para el viajero que recibirán.

Durante la subida hacia la cima de la isla uno no puede dejar de maravillarse por el azul de las aguas del lago TITICACA que provocan que constantemente uno gire la cabeza para buscar un nuevo plano de la cordillera central que se ve al fondo, al subir es inevitable de encontrarse con historias de vida de los lugareños como de la niña que te ofrece sus tejidos y que está dispuesta aun a ir a comprar golosinas con tal de realizar una venta contigo. Y demostrar a su madre que ella también puede vender.


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